Autor afuera

ferlosio_1Para cierta retórica de lo popular, cuando una canción trasciende a su creador, su valor se ensancha desde lo estético hasta lo ético, desde lo funcional hasta lo imprescindible, desde lo posible hasta lo incontrastable. Derechos de autor y regalías editoriales aparte, el anonimato se postula como el más alto grado de autenticidad al que una canción puede aspirar. Numerosas son las anécdotas de creadores que henchidos de orgullo escuchaban sus propias canciones cantadas “por la gente”, que con la inocencia que debe tener la gente cuando se la agrupa en “la gente”, las hacía propias en situaciones cotidianas, sin necesidad de saber quién la había compuesto. Así, en los cancioneros de una manera u otra populares abundan ejemplos de temas que aun brindando a sus autores –o en su defecto las viudas– los dividendos previstos por la ley cada vez que alguien hace uso público de ellos, son también herramientas del imaginario colectivo, cuyo aquí y ahora deberá estar hecho de sustancia más que de esencia.

José Antonio Sánchez Ferlosio, “Chicho”, escribía canciones anónimas. Español antifranquista, Ferlosio es autor de temas emblemáticos de la resistencia a Francisco Franco durante la década de 1960; pero no los firmaba, acaso resguardándose de las represalias del régimen. Muchos de estos temas, entre el sarcasmo y la leyenda, fueron popularizados a través del “de boca en boca” como canciones anónimas de la Guerra Civil Española y se convirtieron en himnos de la resistencia al régimen franquista. Es el caso de La paloma de la paz, utilizada por trabajadores y estudiantes en las manifestaciones de protesta. Pasó también con Gallo rojo, gallo negro, grabada por el dúo uruguayo Los Olimareños bajo el título de Los dos gallos, en el disco ¡Qué pena! de 1971, y registrada como “D. R.”, es decir, de autor desconocido. Otros que con comunista inocencia se concedieron a la inmediatez de lo conveniente fueron los Quilapayún, que con enfático palabrerío militante, anunciaban el tema Dicen que la patria es –conocida también como Canción de soldados– como salida “de las trincheras de la Guerra Civil Española”. Pero eran de Chicho, y estaban recién hechas.

Chicho Sánchez Ferlosio nació en Madrid en 1940, hijo del escritor y político falangista español Rafael Sánchez Mazas –consejero de José Antonio Primo de Rivera, ministro de Franco– y hermano del escritor y ensayista Rafael Sánchez Ferlosio, Premio Cervantes. De sólida formación, Chicho cumplió las carreras de Ciencias Económicas, Derecho y Filosofía, y comenzó la de Letras, que nunca terminó. Se interesó también en Lingüística, publicó numerosos artículos en diarios y revistas, trabajó como corrector en la prensa y diseñó juegos para computadoras y rompecabezas. Activista comunista desde muy joven, abandonó el partido, indignado por los contrastes entre los privilegios de la conducción y la situación de los militantes. Cercano a grupos anarquistas, escribió Romancero de Durruti, canciones compuestas según la tradición de los romances de ciego, que él mismo cantó después, en un documental de 1999 dedicado al revolucionario ácrata muerto en la defensa de Madrid, al finalizar la Guerra Civil Española.

Su figura de anarquista bohemio, de artista imposible de catalogar en un mundo cada vez más ignorante de los matices, llamó la atención del director Fernando Trueba, que en 1982 giró Mientras el cuerpo aguante, un documental en el que Chicho canta y cuenta lo que vive y lo que piensa, en su casa de Mallorca. La libertad, la corrupción de la política, las guerras y los despidos en masa fueron temas para sus canciones una vez alcanzada la democracia en España. Lejos del profesionalismo, se limitó a interpretar sus canciones –varias sobre poemas del filósofo Agustín García Calvo– por los locales nocturnos de Madrid, junto a su compañera Rosa Jiménez. De su fina ironía y de su voz serenamente histriónica dejó testimonio en A contratiempo, un disco grabado en 1977, la única vez que entró en un estudio de grabación. Junto al tema que da nombre al álbum, en el que previene a las carabelas de Colón que vuelva atrás –“Mirad que ya os lo aviso/ Mirad que os lo prevengo/ Que vais a dar con un mundo/ Que se llama el Mundo Nuevo/ Que va a hacer redondo el mundo/ Como manda Tolomeo/ Para que girando siga/ Desde lo mismo a lo mesmo”–, están Romance del prisionero, Ni aguantar ni escapar, Si las cosas no fueran, además de Hoy no me levanto yo: “Tengo sábanas y mantas/ buena almohada y buen colchón/ tengo tabaco y cerillas/ y buena imaginación/ y aquí en la cama he llegado/ a la clara conclusión/ de que pase lo que pase/ ¡hoy no me levanto yo!”.

Mito revelado para numerosos cantautores españoles que fueron jóvenes durante la década de 1970 y aún después, muchas canciones de Chicho, anónimas o firmadas, asistieron a sus repertorios. Jorge Drexler, en su Milonga del moro judío, toma prestado un verso de Chicho, que dice “Yo soy un moro judío/ que vive con los cristianos/ no sé qué Dios es el mío/ ni cuáles son mis hermanos”. Terminado el franquismo, algunas canciones habían quedado sin firmar y en 1981 Chicho demandó a las compañías discográficas CBS y April Music por falsificación del copyright e ilegítima atribución de los derechos de autor de Circulos viciosos, hecha famosa por Joaquín Sabina.

Murió en Madrid el 2 de julio de 2003, tenía 63 años y muy poca fama.

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