El reino de los amantes está en el aire

Tchaikovsky_Mekk“¡Mi querido y adorado amigo! Le escribo en un arrebato, en un éxtasis que me llena el alma y hasta me arruina la salud, pero del que no quisiera librarme por nada del mundo”. En este fragmento de una de las casi 1.400 cartas que la baronesa Nadiezhda von Meck y el compositor Piotr Illic Tchaikovsky intercambiaron durante 15 años, podría resumirse el espíritu de lo que fue una relación extraña e intensa; una alianza platónica, que fue más allá de la admiración desmedida y enfermiza de ella por la música del compositor y esa mezcla casi paradójica de necesidad afectiva e interés económico de él. Una conexión que no encontraría un lugar en la tierra, que nunca llegaría a ocupar los cielos; apenas quedaría en el aire. Llegaron a probar la fiebre de necesitarse, sintieron el vacío umbroso de la ausencia, se revelaron la imposibilidad de vivir lejos y separados. Se amaron, pero ninguno escuchó nunca la voz del otro.

Nadiezhda von Meck, hija de un terrateniente ruso, era nueve años mayor que Piotr. A los 18 se casó con Karl Georg von Meck, un aristócrata que sin embargo no había heredado nada y que al momento de la boda ocupaba un modesto empleo de ingeniero en los ferrocarriles. El desarrollo de las comunicaciones impulsado por el zar Nicolai I en Rusia fue la oportunidad para que Karl construyera una notable fortuna. Al momento de su muerte, en 1876, después de 28 años de matrimonio, dejará a su mujer con 11 hijos y una herencia millonaria.

La primera carta entre Nadiezhda y Piotr es del 18 diciembre 1876, cuando por intermedio de Kotek, violinista amigo de Tchaikovsky, ella le solicitó transcripciones para violín y piano. “En compañía de su música la vida es más fácil y más placentera”, le escribía. Nadiezdha acaba de enviudar y él al poco tiempo decidiría afrontar el matrimonio con Antonina Ivanovna Miljukova; un intento de luchar contra su tendencia homosexual que duraría sólo tres meses y del que saldría con una depresión aguda.

“Me di cuenta que nunca podría amar a mi mujer, que la costumbre, algo que yo anhelaba, no iba a venir nunca. Entonces buscaba la muerte como única salida…”, escribe Tchaikovsky a Nadiezda en la misma carta en la que le solicitaba ayuda económica. “Me siento feliz de que haya salido de esa situación falsa e hipócrita, que no era digna de usted… Siento que comparto su vida y sus sufrimientos… Me es usted tan querido”, le respondía Nadiezhda al tiempo que le anunciaba el envío de tres mil rublos y le asignaba una mensualidad de mil quinientos.

Tchaikovsky dedicará obras importantes a Nadiezhda, entre ellas el Eugene Oneghin y la Cuarta Sinfonía. “Si supiera lo que siento escuchando su música y como le estoy grata por esas sensaciones. Hubiese querido conocerlo personalmente, pero siento tan intensamente su encanto que temo la posibilidad de un encuentro. Si un día tuviésemos que encontrarnos… no podría tomarle la mano sin decir una palabra. Por eso prefiero pensar en usted a distancia”. Nadiezhda y Piotr no se verían nunca, sin embargo frecuentaban lugares marcados y perfumados por la inmediata presencia del otro.

Como su salud no era excelente y sobre todo el frío le resultaba insoportable, ella viajaba con frecuencia al sur. En Italia alquilaba pisos enteros de hoteles o lujosas mansiones. En noviembre de 1878 Nadiezhda llegó a Florencia. Ocho domésticos, dos cocineros y dos cocheros, que se ocupan de las exigencias de la familia. También tendrá a su servicio un trío de cuerdas y un joven pianista francés llamado Claude Debussy, que de esta manera pudo entrar en contacto con la música rusa para eludir la casi unilateral influencia wagneriana que azotaba a los músicos europeos de la época.

La señora había alquilado Villa Oppenheim, una mansión sobre Viale dei Colli, cerca de San Miniato. A los pocos días llegará Piotr, que será alojado en Villa Bonciani, a escasos quinientos metros de Nadiezhda. “Buen día mi querido e incomparable amigo, sentir su presencia tan cerca de mí es una felicidad que no se puede expresar con palabras”, le escribió ella en la bienvenida. Vivirán durante un mes a pocos metros uno de otro y varias veces al día se enviarían cartas.

Un día Nadiezhda retornaba tarde en su carroza descapotada junto a una de sus hijas y se cruzó con Tchaikovsky, que volvía a pie de su paseo. Desconcertadas, sus miradas se cruzaron; intercambiaron un tímido saludo y la carroza se alejó. “Debo confesarle que probé una emoción muy fuerte cuando usted y sus familiares pasaron junto a mí hoy. Ha sido insólito para mí, acostumbrado a mirarla con los ojos del espíritu. No logro imaginar que mi hada invisible pueda de golpe, al menos por un momento, volverse visible. ¡Es casi un encanto!”, le confesó enseguida el compositor.

En otra oportunidad Nadiezhda invitó a Piotr al teatro; ella se ubicará en un palco de primera fila, mientras para él había reservado un lugar en la platea. Durante toda la noche se observaron desde lejos. A través de los binoculares él pudo percibir los delicados lineamientos de su rostro y conmoverse con la ternura con la que se dirigía a su hija Miloska. “Hoy pasé delante de su casa y mientras miraba las ventanas trataba de adivinar qué estaba haciendo… Cuando vaya de paseo, mi querido amigo, pase delante de nuestra villa, para que vea dónde vivo…”, escribió ella.

“Adiós, querido incomparable amigo. Por última vez le escribo desde Villa Oppnheim. Haberlo tenido tan cerca fue maravilloso… Recordaré con intensa emoción estos días en continua comunión con usted. ¡Me entristece hasta las lágrimas que esta felicidad llegue a su fin!”. Así se despedía de Florencia Nadiezhda. “Ella partió y siento un vacío doloroso. La extraño y con los ojos en lágrimas paso ahora delante de su casa vacía… ¡Dios mío, qué mujer extraordinaria, qué ser maravilloso! Si supieran como me cuidaba y trataba de hacer mi vida más placentera”. Así Piotr comentaba a sus hermanos el azote de la ausencia. Con el tiempo las cartas paulatinamente se harían más aisladas. La pasión y las ayudas económicas lentamente se apagarían.

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Comments
2 Responses to “El reino de los amantes está en el aire”
  1. esteban dice:

    Hemoso pedazo, de historia de amor, ahora, creo en el amor platonico.

  2. nuevavidavirtual dice:

    Siendo la música algo tan vital para mí no sé porqué he tenido en un lugar oscuro y apartado a Tchaikovsky, que en tantas ocasiones es sublime… Me fascina la historia con la baronesa von Meck, solo entre genios pueden surgir esas ideas tan extravagantes y maravillosas. Hay quien dice que el músico encontró “un chollo” (Fernando Argenta, “Los clásicos también pecan”) en esta mujer que, obviamente, actuaba como una loca a causa de su exceso de dinero…

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